Peligrosamente perfeccionista

¿Para qué te sirve?

Una situación común: en plena carretera la rueda de un coche se pincha, pero en este caso el conductor la cambia de una manera un tanto peculiar.

Este spot nos habla de los peligros de ser demasiado perfeccionista. La persona perfeccionista busca un ideal y para conseguirlo se autoexige y exige a los demás. Por ejemplo, en el entorno laboral, las personas perfeccionistas revisan muchas veces su trabajo en busca de errores y esto les hace perder tiempo excesivo. Nunca parecen estar conformes con el resultado que consiguen y siguen añadiendo revisiones que retrasan sus fechas de entrega. Tienen dificultades para delegar porque no confían en que sus colaboradores puedan hacerlo mejor que ellos. Y si delegan, es probable que lo hagan con fuertes medidas de control sobre el trabajo de los demás. Este hecho, además de añadirles más carga de trabajo y unos cuantos dolores de cabeza, impide que puedan crecer como profesionales.

Las personas muy perfeccionistas tienen sus sombras: sienten miedo, se muestran preocupadas y sufren. Necesitan sentir que tienen el control de sí mismas, de su entorno, del mundo…Cubren con su “ilusión de control” la ansiedad que sienten por vivir en un mundo lleno de incertidumbres. Este rasgo se relaciona también con la falta de confianza y seguridad en sí mismas. Son personas que no confían en su poder de reacción y tratan de suplirlo con el control. Probablemente tengan cierto miedo a que los demás interpreten sus errores como falta de valía. Por ello, el perfeccionismo puede estar relacionado también con una excesiva dependencia del reconocimiento externo y de la búsqueda de una aceptación/amor de los demás. Son personas que se juzgan a sí mismas por lo que hacen y no por lo que son.

Y, ¿para qué? Si la perfección no existe, es una falacia. En coaching hacemos la distinción entre ser “exigente” y ser “excelente”. Buscar la excelencia significa dar lo mejor de ti mismo, aceptando los errores como fuente de aprendizaje, celebrando los éxitos conseguidos y disfrutando del camino más que de la meta. Las personas excelentes se sienten seguras de sí mismas, confiadas y, por tanto, también confían en las capacidades de otras personas para hacer bien el trabajo. Aceptan otros puntos de vista y sugerencias como fuentes para la mejora. En definitiva, saben que son mucho más de lo que hacen.

 

“Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito”, de Aristóteles.

Reflexiona y actúa

¿Qué aprendizajes te llevas del vídeo? ¿Te imaginabas cuál sería el final? ¿Qué le hubieras dicho al protagonista si hubieras estado allí? ¿Qué crees que le motiva a poner tanto empeño y perfección en lo que hace? ¿Cuáles son los costes de ese “perfeccionismo”? ¿Cómo hubiera sido cambiar una rueda de una forma “excelente” vs. “perfecta”?

Y tú, ¿cuál es tu relación con el perfeccionismo? ¿Te consideras una persona perfeccionista/exigente? ¿Qué gana y qué pierde una persona perfeccionista? ¿Cuál es la diferencia entre una persona “perfecta” y una persona “excelente”? A nivel profesional, ¿qué pierde un líder perfeccionista? ¿Qué pierde su equipo? ¿Y sus compañeros? ¿Cómo delega una persona “exigente”? ¿Cómo delega una persona “excelente”?

Como padre/madre, ¿te consideras perfeccionista a la hora de educar a tus hijos? ¿Qué puertas te abre y qué puertas te cierra esta perfección? ¿Y a tus hijos? ¿Qué hace un/a padre/madre “exigente” vs. un/a padre/madre “excelente”? ¿Qué te gustaría soltar ahora de la perfección? ¿Harás algo diferente después de ver este vídeo?

 

Amplía información

Para profundizar en las “sombras” del perfeccionismo, recomendamos este post de @eec_coaching: “Lo imperfecto de ser perfecto” (con bibliografía recomendada al final).

También, “La paradoja del perfeccionismo” de @elmundoes.

Y, “Desarrollo personal. La cultura del perfeccionismo y el miedo al fracaso” vía @manuelgross.

También una charla TED de Charles Limb: “El cerebro cuando improvisa“.

En relación a la exigencia con los hijos, puede ser interesante leer este artículo de @LaVanguardia: ¿Qué pasa si los padres exigen demasiado? 

 

 

Imagen por Benjamin Watson

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